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Cuatro son la velas que iluminan tenuemente la habitación, creando un ambiente único e imposible de recrear con meras bombillas, el incienso se consume poco a poco en algún lugar en la sombras, su aroma tiñe el aire que respiro, abriendo las puertas de mis sentidos, para que no sean reprimidos entre estas cuatro paredes, mis pies descalzos caminan en círculos, permitiendo a mis ojos, que entre las sombras busquen esa puerta que es para mí la salida.Únicamente mis manos y mis dedos recorren las paredes de esta prisión, es una pared rugosa y fría, dañada por los elementos y pintada con el sudor de mis dedos, es entonces cuando tras un largo periodo de tiempo, entre mis yemas se cuela lo que reconozco como un pomo, un pomo redondo, con sinuosos tallados, no puedo adivinar de qué está hecho, no es hierro ni acero, no se parece en nada a cualquier metal que conozca, puedo percibir que tampoco se trata de una talla de madera, no puedo encontrar el nombre de este material, tan solo puedo notar como la calidez de este me envuelve, invitándome a salir de esta habitación fría hacia un lugar desconocido y cálido.
Inclino la muñeca, haciendo mover el mecanismo, de forma suave se abre, no emite ni un solo sonido que perturbe esta calma. Mis ojos se eclipsan con la imagen que nace ante ellos, una luna bella y llena, que con su luz prestada ilumina esta noche. Miro a todos lados en busca de signos de vida, pero no existe ni la más tenue señal de ella. Me encuentro entre edificios, abandonados a su suerte, barnizados de verde, donde el pincel son las hojas de las enredaderas que trepan por sus muros. Las farolas yacen muertas, muchos veranos y muchos inviernos hacen que no ejercen su cometido, el óxido forma parte de ellas y algunas de ellas se encuentran descansando en el suelo, viendo desde allí a sus hermanas famélicas de corriente, esa electricidad que les devolvería a la luz pero que no llega nunca.
Recorro estas calles, en ninguna el paisaje cambia, tan solo es la continuación de estos caminos, que cambian de edificios y de aceras, pero todo sigue abandonado, arrasado por la naturaleza que conquista los metros que en años pasados le robaron las calles de esta ciudad. Mis pies descalzos recorren por encima de esta moqueta de hojas y tallos verdes, que acarician mi piel. Llevo horas recorriendo esta ciudad, pero no encuentro más que la luz de la Luna y de las estrellas, que dibujan en este cielo el camino a seguir para mis pensamientos, una pista de aterrizaje para mis sueños que vuelan libres por encima de las copas de los árboles.
Inmensos son mis deseos de encontrar la salida de este viaje, no encuentro a nadie, tan solo veo soledad, silencio, la luz de la Luna, la vegetación que envuelve esta ciudad y mi cuerpo cansado de buscar algo que no tiene nombre, ni tan siquiera existe, pero necesito encontrarlo, pues mi alma está cansada de rondar por la vida, tan solo caminando sin detenerse a disfrutar de los lugares, es por eso que pienso esconderme en el portal de este edificio que surge a mi derecha, para dormir, y buscar en el mundo de los sueños lo que no encuentro en el mundo de los vivos, entraré con los ojos abiertos, pues no me hace falta ver mis párpados para saber que el mundo de los sueños viene a robarme la conciencia, ya se la he regalado hace mucho tiempo, con tal de que me abriera la puerta de la que era mi prisión.
Firmado: Cuiri.
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