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Mi mar, sereno y tranquilo, se extiende delante de mí, sus olas bañan mis pies, que una vez tras otra golpean con fuerza sobre esta orilla, desgastándola, trazando su dibujo en la orilla. El sonido del mar se ve ahogado por mis pensamientos, pensamientos que me causan un dolor intenso e increíblemente indescriptible, he buscado palabras en todos los idiomas, he buscado gestos en todas las culturas, pero nada consigue describir este dolor, proviene del lugar más recóndito de mi cuerpo, el lugar donde el alma y el cuerpo se unen, ese dolor me consume poco a poco, no hay pastilla que lo calme, ni lugar donde me pueda esconder de él. No he parado de correr por las orillas de mi mar, intentando huir de este dolor que me persigue, pero no puedo escapar, este dolor surca el viento con delicadeza y soltura, para acabar reposando sobre mí una vez tras otra.
Ya no puedo correr más, mis pies sangran y mis piernas se derrumban por el peso muerto que es mi cuerpo. Pero ni tan solo puedo mantenerme en pie, ahora reposo de rodillas frente a Este mar, salándolo con mis lágrimas mientras su agua me rodea poco a poco hundiéndome en su humedad, hace tiempo intenté petrificarme, congelar cada uno de mis sentimientos, matar cada una de mis emociones, para no tener que pensar más, para que ella no surgiera en mis sueños, pero sin remedio una vez tras otra me enterré vivo, para que nadie me viera, y así esconderme de mí. Pero no he podido, y tras algunos días y pocas noches de calma, vuelvo a estar solo, al amparo del viento y su recuerdo retumbándome cada segundo de existencia.
Me adentro en las aguas de mi mar, tan solo con mi cuerpo y mi delirio, para intentar silenciar este grito de mi alma, que grita auxilio mientras yo tan solo quiero olvidar este amor que me corroe por dentro, un amor que tan solo aviva un deseo que no tengo que desear, pues conspira a contracorriente del río que nació de nuestra amistad. Pero ni tan solo las gotas de este que es mi mar que yacen en mis ojos pueden cegar tu recuerdo, pues tu recuerdo no entiende de obstáculos con los que toparse ni de olvido que lo alcance, tan solo entiende que quiere mostrarte lo que habita en la cárcel que es mi corazón, pero tu recuerdo no entiende a razón, no comprende que debe mantenerse encerrado entre rejas de fría acero, para que no escape y respire la libertad que tanto necesita, es demasiado peligroso como para que esté libre, yo fui juez y jurado y lo sentencié a cadena perpetua por asesinar mi razón y conspirar contra mi pasiva existencia.

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