Una vez más, yo solo con una página en blanco que llenar.
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Alzo la vista y solo veo hojas, ramas y flores, no sé cómo he llagado aquí, la naturaleza pura y viva se mueve como si una serpiente se tratase, reptando por el suelo y alzándose por los árboles, envolviéndolo todo en un verde brillante, los rayos de luz penetran en la cúpula de vegetación, ramas interminables que se entrecruzan para crear un mosaico de formas y profundidades. La humedad ahoga el ambiente mientras el sonido de un río se escucha en el fondo de este mar de árboles y arbustos, el frescor de la vida fría se siente en cada respiración. Un olor a sangre me devuelve a la realidad, bajo mi vista y observo confuso como en una de mis piernas la sangre brota lentamente por dos orificios pequeños, redondos y paralelos, un dolor agudo nace en las pequeñas cuevas de mi pierna para trepar por mi espalda lentamente, arrastrándose en la más intensa de las lentitudes, poco a poco escala hasta mis hombros donde su camino se bifurca, mientras la más basta corriente sigue trepando por mi cuello, un tenue riachuelo rodea mi garganta para acabar en la parte izquierda del pecho, para crear un lago sobre mi corazón, un lago que filtra lento pero sin pausa ese dolor anónimo que se hace paso entre carne y hueso.
La sensación de solitud y desesperación aparece en mi mente, fugaz y clara, me dispongo a caminar, el dolor me frena, pero el bosque me llama, grita mi nombre en cada brote verde de sus ramas, en cada pétalo de sus pequeñas flores, en cada fresca brisa que recorre el bosque, una llamada que me provoca el deseo de perderme entre sus troncos para no salir nunca más, para olvidar los problemas que inundan mi mente, para morir entre las raíces del más viejo de los árboles. Mis pies avanzan, inseguros e indecisos, sin saber qué rumbo coger ni qué dirección tomar, pero avanzan sin parar, mis ojos recorren cada rincón de estos árboles para observar la belleza de este extraño lugar, un lugar virgen, sin preocupaciones ni horarios, un lugar para perderse, un lugar para encontrarse, un lugar donde vivir, un lugar donde morir, un lugar donde gritar tus deseos, un lugar donde callar tu miedos, un lugar único y perdido.

Bastantes flores y plantas he visto en el camino, ¿cuánto debo haber caminado?, ¿cuántas horas llevo sin descanso?, ¿para qué?, para esto, me detengo después de este viaje, he llegado a mi destino, no estaba buscando nada, pero lo he encontrado, perdido entre arbustos se alza fuerte, vacilante, sin miedo de ser tapado por árboles, dispuesto a alzarse hasta el cielo, ese rosal de flores blancas, mi rosal. No lo he plantado, no lo he cuidado, no lo he visto crecer y mucho menos sabía de su existencia, pero es mío, lo sé y lo siento, no entiendo cómo he llegado a esta conclusión, pero es así. El rosal reluce como el más intenso de los luceros nocturnos en la más negra y despejada de las noches, cada una de sus pequeñas rosas blancas brilla con una luz propia, sus pétalos son bellezas por si solas, que se unen unas a otras para crear una composición de blancura que hace nacer la rosa. Pero hay una rosa distinta, una rosa en la sombra del rosal, única en mi rosal, la primera en nacer, pintada del color de la sangre, la más grande de las rosas de mi rosal, diferente a todas las otras, sus pétalos rojos son suaves como la seda, su olor es penetrante y encantador, sus hojas son vivas y grandes, pero toda ella está encogida, como con miedo de verse a sí misma en la majestuosidad que se merece, sus hojas verdes y lucen retorcidas para sus adentros, ocultando la vida que recorre entre ellas, la rosa se esconde en la oscuridad del rosal para que la luz no la vea. La rosa me llama, me encandila con su olor, me atrae con su belleza, me retiene con las ganas de liberarla de esa oscuridad, de mostrarla al sol para que muestre la plenitud de sus hojas.

Acerco mi mano, mis dedos tocan la suavidad de sus pétalos, su olor me envuelve y me hace olvidar el dolor que me recorre, avanzo precavido por su tallo, pero en un descuido una de sus espinas se me clava, penetra en la delicada piel de una de mis gemas, de la herida surge mi sangre envenenada, para pintar su tallo con ese oscuro rojo de la muerte, una expiración llena de dolor me golpea, retiro mi mano velozmente mientras veo como mi sangre corrompe la rosa roja de mi rosal, oscureciendo cada uno de sus pétalos, secando cada una de sus hojas, poco a poco se consumiendo, mientras yo estoy estupefacto, no puedo hacer nada, se muere, desaparece, se va para no volver. El dolor vuelve con más fuerza que nunca, me arrodillo delante de la rosa roja retorcido de dolor, mi respiración se hace cada vez más pesada, mis párpados saben que pronto se cerrarán para siempre, sé que voy a morir, pero me da igual, solo puedo pensar en esa rosa, en la bella rosa que he dañado, si no la hubiera tocado no pasaría nada de esto, si no la hubiera seguiría en el rosal, otro vendría para hacerla surgir al sol, pero no, tenía que intentarlo, tenía que violar su pureza con mi presencia, con mi tacto y mis pensamientos egoístas. “No mueras, te pido perdón por todo, no mueras, no puedo soportar que mueras, me iré de aquí, dejaré este rosal, dejaré este bosque, dejaré la vida si hace falta, pero no te marchites, no lo hagas nunca, aunque no lo creas el bosque entero lloraría tu perdida, perdón, lo siento.” Fueron mis últimas palabras, pronunciadas con el último de los alientos, ahora yazgo muerto, solo he dejado un camino de sangre envenenada y una flor manchada de mi veneno, maldito yo y maldita mi sangre.
Vale, ahora si que me lo he leído
ResponderEliminarSeguramente crees que has hecho marchitar esa rosa, pero Estas seguro de que has sido tu? de que ¿no ha sido el propio rosal, que al verla diferente ha querido cambiarla, hacerla sufRir, hacerla marchitar? esa rosa solo queria una oportunidad, la ha tenido, la ha sufrido, es tu dedo el que sanGra, no la rosa que se marchita. y si, por un solo momento, Intentaras darte cuenta de lo que pasa en tu interior, ¿y no solo de lo que puedes provocar en los demas? alomejor ese veneno que te crees que tienes no es mas que el miedo a ser tu esa rosa roja, diferente perO especial.