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Estoy sentado en el bosque, entre musgo y arbustos, cuando se me acerca una persona a mi espalda.
- ¿Otra vez aquí?
- ¿Perdón? ¿Quién eres?-pregunto intrigado por su presencia pero ni tan siquiera me giro-.
- Eso no tiene importancia, estás otra vez igual, lo veo en tu habla.
- No te conozco de nada, no vengas diciéndome que como estoy o dejo de estar.
- Yo te conozco muy bien, sé lo que te pasa y puedo ayudarte.
- No te he pedido ayuda.
- Pero la necesitas y lo sabes.
- Pero ni tan siquiera sé lo que me está pasando, ¿cómo lo vas a saber tú?
- Porque yo lo veo de otra forma, sin espejos que difuminen la imagen ni ruidos que distorsionen el sonido.
- ¿Y cómo se supone que vas a ayudarme?
- Diciéndote la verdad que tú sabes pero que no quieres creer.
- Pero, ¿y si no puedo soportarlo?
- Tendrás que correr el riesgo si quieres seguir viviendo.
- Pero no dependo solo de mí.
- ¿Quién ha dicho que tengas éxito? Pero la derrota la tienes asegurada si no haces nada.
- Pero si lo hago puedo perder más de lo que estoy dispuesto a resistir.
- Eso no lo sabes, solo hay una manera de descubrirlo y solo depende de ti dar el paso.
- Tengo miedo a caerme por un agujero pues estoy como un ciego en la oscuridad total de la noche.
- Tranquilo, si das el paso y encuentras tierra firme no tendrás problemas, y si te caes, tranquilo que te ayudarán a levantarte pues no estás solo.
- Pero no quiero arrastrar a nadie a ese agujero.
- Pues no te hundas en él, por mucho que te pueda tapar siempre habrá luz al final.
- Tengo miedo.
- Tranquilo que eso no es un problema, pues es ahora cuando lo tienes que afrontar.
- Soy un cobarde.
- Puede que sea verdad, o puede que no sea más que una ilusión que tú te has hecho, pero no es momento de esconderse, tienes que afrontarlo con todo lo que tengas.
- Pero estoy solo y esto me supera.
- ¿Solo? ¿Pero has mirado a tu alrededor? No estás solo, ni lo estarás y no puedes saber si te supera si ni tan siquiera sabes a qué te enfrentas.
- Pero…
- Podríamos estar así cientos de años, hasta que te des cuenta de algo.
- ¿De qué?
- Ya lo sabes, di en voz alta lo que piensas y cuando te escuches lo entenderás
- Pero… ¿quién eres?
- No hace falta que lo sepas.
Tras escuchar esta respuesta me giro para ver la persona con la que he estado conversando, pero para mi asombro no había nadie, ni había rastro de que nadie hubiera estado allí, no sé quién era, no sé si ni tan siquiera existe, no sé si tendrá razón, pero lo haré.
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